jueves, 23 de marzo de 2017

Tengo una pequeña flor nacida sin darme cuenta en medio del corazón. En la tierra de la sangre se abonó su resplandor. Es delicada y se muere sin cuidados y sin mimos. Requiere mucha atención contra el calor del verano, contra el frío del invierno, contra el cruel desengaño que le causa tanto daño con el paso de los años. Florece en la primavera, se marchita en el verano y en el invierno se muere, si no la cuida mi mano.







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